Claudia y los cinco

Serpientes y Escaleras  Salvador García Soto

Terminar con las heridas y los agravios que dejó el proceso interno por el que resultó electa candidata a la Presidencia por Morena, no ha sido una tarea fácil para Claudia Sheinbaum. Si bien cuatro de sus cinco contrincantes se disciplinaron desde el principio y le levantaron la mano como ganadora -algunos incluso a regañadientes como Adán Augusto-, el renegado de Marcelo Ebrard le llevó a la candidata más tiempo para doblegarlo y hacerlo entrar al aro, aunque al final el canciller solito saltó con su aparición en el Monumento a la Revolución, donde dejó constancia pública de que finalmente se había sometido y disciplinado ante la heredera del «bastón de mando» de la 4T.

A estas alturas Sheinbaum ha logrado imponer su autoridad como la abanderada presidencial dentro del lopezobradorismo, aun con los que no la querían y ha empezado a construir un liderazgo propio que, si bien sigue indefectiblemente unido al del presidente López Obrador, empieza ya a cobrar su propia fuerza y a ampliar los márgenes para tomar sus propias decisiones, al menos en el manejo de su campaña. Así fue ella la que negoció directa y personalmente con cada uno de sus antiguos contrincantes internos para ofrecerles las posiciones que desde el acuerdo interno de Morena se había acordado repartir.

Así, a Ricardo Monreal le ofreció la posibilidad de reelegirse como senador o en su defecto ir como diputado a San Lázaro y eventualmente ser coordinador de la bancada oficialista; a Manuel Velasco le garantizó también su reelección en el Senado y que siga coordinado a los aliados del Verde, mientras que a Gerardo Fernández Noroña la candidata le ofreció también la reelección como diputado. El problema fue desde el inicio con Adán Augusto López y con Marcelo Ebrard. Al tabasqueño, Claudia le ofreció desde el año pasado que se integrara al Senado, con la idea de que pudiera incluso coordinar la bancada de Morena, pero Adán dijo que no y agradeció el gesto; luego se fue por más de un mes a viajar por Europa con su familia, de donde regresó en octubre para supuestamente integrarse a coordinar la campaña presidencial en varios estados de la República, aunque en diciembre volvió a viajar al continente europeo, otra vez por más de un mes y apenas acaba de regresar en la primera quincena de enero.

En cuanto a Marcelo Ebrard, la historia es más que conocida; tras su negativa de aceptar el resultado y su notoria ausencia en el salón del WTC donde se llevó a cabo la declaración de ganadora de Claudia, aquel 7 de septiembre pasado, el canciller evaluó sus opciones de rebelarse y romper con Morena, deshojó la margarita con MC y Dante Delgado y al final reculó y anunció que se quedaba en Morena y no se iba a ningún otro partido, justo después de que el Presidente en su mañanera le recomendara que «no vaya a hacer locuras». Luego fue a reunirse con la candidata el 13 de noviembre y ahí pidió que se reconociera su fuerza interna, que se les dieran candidaturas a su gente y cuando la doctora le ofreció irse como senador y posible coordinador, dijo que no le interesaba.

Pero ahora, después de que apareció sorpresivamente en el Monumento a la Revolución donde se terminó de rendir ante el bastón de Sheinbaum, Marcelo ha cambiado de opinión y ha dicho que siempre sí quiere ser candidato al Senado y buscar ser coordinador de la bancada oficialista. El problema es que también Adán Augusto rectificó de su dignidad inicial y dijo que también acepta aparecer en las listas pluris del Senado, con miras a buscar también ser el coordinador de los senadores de Morena, posición que también pretendía recuperar Ricardo Monreal para la próxima legislatura.

Es decir, que en este momento Claudia Sheinbaum tiene a tres tiradores para el liderazgo parlamentario del Senado y tendrá que decidir a cuál de ellos le confía la que sería una posición clave para operar las posibles reformas e iniciativas de su eventual gobierno. De hecho, la disputa principal por el Senado sería entre Marcelo y Adán, porque Ricardo podría ser enviado como diputado plurinominal y buscar la coordinación morenista en San Lázaro, aunque ahí hay otra complicación: que Gerardo Fernández Noroña, que fue de los más entusiastas apoyadores de la candidata, también está pidiendo ser nombrado coordinador de la bancada de Morena en San Lázaro para la próxima legislatura.

El caso es que, más allá de que todos quieran amarrar posiciones y huesos para el próximo sexenio, al final no todos están trabajando ni aportando para la campaña de la candidata morenista. A los únicos que se les ha visto cercanos y operando en el trabajo de tierra de Sheinbaum es a Fernández Noroña, al senador verde Manuel Velasco y al mismo Ricardo Monreal, que ha estado recorriendo estados del centro y occidente del país que le encargó coordinar la candidata. Ni a Adán Augusto, que se la ha pasado de viaje en Europa, ni al propio Marcelo se les ubica entre el equipo de campaña, como que estén ayudando en algo a la estrategia y el trabajo de proselitismo de la abanderada presidencial.

Veremos finalmente cómo decide Claudia Sheinbaum y el trato que da a cada uno de sus cinco excontrincantes, a partir no sólo de los egos y las ambiciones de ellos, sino del trabajo y el compromiso real que cada uno de ellos le haya demostrado. Sobre todo, porque, más allá de entregarles una posición o darles algún liderazgo parlamentario, la doctora estará definiendo también quiénes podrían ser sus operadores de confianza en el Congreso de la Unión, si es que gana la Presidencia y eso podría ser decisivo, en caso de que los mexicanos opten por un voto dividido para el Congreso, en el que no haya una mayoría absoluta para ningún partido… Los dados cierran la semana con una doble escalera. Buen fin de semana para los amables lectores.