La psicología de la autohumillación

Opinion Lorena Piñon Rivera

Tomada: Diario Xalapa

José Newman es un prestigiado profesional de la salud que con rigor ha expuesto el perfil autoritario y delirante que caracteriza al liderazgo de esa fantasía que autodenominan 4T. Esta dinámica avasallante, de acuerdo a lo expuesto por el doctor Newman, es asimilada por ciertos émulos de Morena con posiciones de poder en otros órdenes de gobierno o con aspiraciones a asumir alguna gubernatura, presidencia o diputación.

Decía mi abuelita que “mucho elogio quema”, y veo vigente esa frase, porque el hecho de tratar de atribuirle cualidades cuasi divinas a una persona y exponerlo como el adalid de la democracia y las libertades, hace que los elogios se vuelvan cenizas ante errores garrafales tan constantes y la actitud de ningunear con insultos y sinrazones a toda persona que se atreva a realizar una crítica el ejercicio gubernamental.

Ese delirio autoritario también es resultado de una profunda acumulación de frustraciones mal procesadas y de inseguridades que pretenden ocultar. De la soberbia aderezada con una baja autoestima, deviene la autohumillación, referido como un proceso en el cual una persona se somete a situaciones que socavan su propia dignidad o prestigio.

Esta acción puede tener raíces tanto psicológicas como sociológicas, y entenderlas da indicios sobre las motivaciones detrás de este comportamiento y las consecuencias que puede tener en la dinámica de trabajo de un equipo liderado por alguien que practica la autohumillación.

A pesar de que desde la cúspide del poder se promueva una candidatura con afanes de imponerla, la persona ungida por el moderno tlatoani puede sentir que no es lo suficientemente valiosa o competente, por lo que se autohumilla como una forma de confirmar sus creencias negativas sobre sí mismas. También puede ser una forma de autodestrucción, donde el individuo sabotea su propio éxito debido a sentimientos de culpa, vergüenza o autodesprecio.

En el ámbito sociológico, la autohumillación puede estar influenciada por normas culturales o sociales que valoran la modestia, la humildad o la sumisión (esto último es un rasgo característico de los colaboradores de “ya saben quién”).

Además, en contextos donde existe una jerarquía de poder marcada, las personas en posiciones de liderazgo pueden sentir la necesidad de demostrar su humildad o su conexión con los subordinados a través de actos de autohumillación (como los varios eventos bochornosos mañaneros que se tienen registrados con “otros datos” que son mentiras contumaces y/o penosos ridículos públicos).

Y si “de vez en cuando”, el más alto jerarca autoritario se ridiculiza a sí mismo con toda ligereza, ¿por qué no habrían de imitarlo los beneficiados de su primera esfera política? El líder puede creer erróneamente que al mostrarse vulnerable o cometiendo errores públicamente, ganará la simpatía y el apoyo de sus subordinados.

El liderazgo puede tener una percepción negativa de sí mismo y sentir que merece ser castigado o humillado, ya sea consciente o inconscientemente. Las consecuencias de acumular experiencias de autohumillación en la dinámica de trabajo son devastadoras. Los subordinados comenzarán a cuestionar su liderazgo y capacidad para tomar decisiones.

Las consecuencias hacia una persona desarraigada que aspire a gobernar Veracruz, que sabe que tiene antecedentes muy penosos en su anterior encomienda pública, que comete errores en sus propios actos con respecto a temas elementales de identidad con el estado, son significativas tanto en lo psicológico como en la erosión de sus simpatías electorales. Las personas que se autohumillan en una campaña electoral, no ganan.

*Diputada federal. PRI

@lorenapignon_