La marcha, democracia y pueblo

CAMALEÓN    Alfredo Bielma Villanueva
“La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, fue frase histórica pronunciada en memorable discurso por Abraham Lincoln el 19 de noviembre de 1863, en Gettysburg. Esa significativa expresión fue inscrita en el artículo 2° de la Constitución de la Quinta República Francesa. La raíz etimológica de democracia proviene del griego: Demos, Pueblo, Krátos-Poder;  en cualquier tratado de Teoría Política existen obligadas referencias relativas a la democracia en Grecia y no ha faltado quien la suponga como la acabada expresión del gobierno del pueblo, erróneamente, porque en la Grecia clásica no todo “el pueblo” participaba en la toma de decisiones sobre la cosa pública. En alguna época de la primera mitad del siglo XX mexicano y apenas iniciada la segunda parte de esa centuria, se escuchaba decir en nuestro país: “Democracia, cuántos crímenes se cometen en tu nombre”, y en versión modificada: “Pueblo, cuantos crímenes se cometen en tu nombre”, con esa lapidaria expresión se hacía referencia a una democracia de papel, en un sistema de gobierno en el cual la elite política decidía el rumbo del país. Sin embargo, paradojas de la historia, esa clase gobernante, por comisión u obligada por las circunstancias, se encargó de crear las instituciones competentes para fortalecer un orden democrático y así consolidar una eficiente estructura gubernativa de pesos y contrapesos, sí, esos ahora muy maltratados órganos autónomos cuya desaparición ha sido propuesta por el presidente de la república.

He aquí una de las motivaciones de las multitudinarias marchas que se han venido escenificando en este país de 2021 a la fecha, la de ayer una de ellas. “El INE no se toca”, fue la consigna de la Marcha del 13 de noviembre de 2022, otra más hizo referencia a la defensa de la Suprema Corte de Justicia, en cuyo frontispicio se había instalado un plantón contra los magistrados de ese Poder. La Marcha de ayer 18 de febrero fue en defensa de la democracia, llevó inherente la contraofensiva a la propuesta presidencial de desaparecer o transformar instituciones probadamente eficientes en su contribución al principio de la división de poderes y contra la vuelta a la concentración de poder en la esfera del Poder Ejecutivo. Al expresidente del INE, Lorenzo Córdoba, correspondió el uso de la palabra y dijo: ‘Hoy desde el poder quien llegó a ese primer piso por la libre voluntad de la ciudadanía pretende destruir esa escalera para que nadie más pueda transitarla’… ‘No se vale destruir las condiciones, las reglas, los procedimientos y a las autoridades que nos han permitido la renovación pacífica del poder’. La indirecta fue muy directa. Pero es el reflejo de un México ya polarizado, inmerso en una confrontación de cuyo desenlace de manera pacífica solo es posible concebirlo por la intervención de órganos autónomos bien con prestigio bien acreditado. Origina pavor imaginar lo contrario.