El centralismo, el talante y el AIFA

El Cristalazo  Rafael Cardona

El pasado sábado coincidieron en Ciudad Juárez dos estilos, dos visiones y dos actitudes.

La candidata del presidente López Obrador y MORENA, Claudia Sheinbaum, visitó, ofreció, prometió y desafió mientras los aspirantes a cargos legislativos del Frente Opositor, iniciaban sus campañas con otras ofertas, promesas y desafíos de solución local, no centralista.

La diferencia entre los discursos la daba la vecindad, el conocimiento real de los problemas, la sensibilidad local, y la condena al centralismo, por un lado, y su desbordada exaltación por el otro. Los juarenses, hartos de ser considerados mexicanos en la lejanía, sometidos a los caprichos del centralismo cuyo fisco les quita siete de cada diez pesos, planteaban, desde la oposición, un federalismo justiciero en el cual se les tome en cuenta.

Claudia Sheinbaum, por su lado (debido a la gratuita adopción para sí y su futuro del pleito del presidente con Maru Campos, la gobernadora chihuahuense) planteaba su determinación de hacer las cosas sin tomar en cuenta a la autoridad local.

La aspirante presidencial por la coalición

La aspirante presidencial por la coalición «Sigamos Haciendo Historia», Claudia Sheinbaum Pardo, en encuentro con representantes de los medios de comunicación en Jalisco

“… Quiera o no quiera la gobernadora. —dijo, según “La Verdad”–, va a haber transporte público en Ciudad Juárez” anunció Sheinbaum, quien aseguró que ya se está revisando la figura legal para que este sistema, tipo trolebús, lo administre la federación (¿?) o el municipio, y se atienda el rezago histórico que padecen los juarenses en la materia.

“…El control del servicio de transporte público recae en el Gobierno del Estado…”

Antes se habían registrado estas líneas: “… Enlistó sus promesas y propuestas para esta ciudad: centros de educación inicial para hijos de trabajadoras de maquiladoras, traer a la Universidad Rosario Castellanos, mejorar las carreteras a Chihuahua y a Casas Grandes, regularizar la posesión de casa abandonadas invadidas (legalizar el despojo); una ruta de tren de pasajeros y la construcción de un sistema de transporte público…”

Los opositores –reunidos en Las Anitas en una nutrida asamblea–especialmente los aspirantes al Senado, Daniela Álvarez y Mario Vásquez, habían expresado sus quejas por la eterna marginación y el abandono de la federación.

Dijo Daniela Álvarez:

“… En el 2021, le arrebatamos a Morena, le arrebatamos la diputación federal. Ahora, le vamos a arrebatar el Senado en fórmula con mi compañero, Mario Vázquez, juntos vamos a derrotar a Morena, le vamos a demostrar que en Chihuahua no nos arrodillamos.

“Desde el norte del país, le vamos a mandar un mensaje contundente, con Chihuahua no van a poder”, afirmó.

“Por su parte, el Coordinador del Frente Amplio por México en Ciudad Juárez, Rogelio Loya, convocó a las familias Juarenses a la acción… me rehusó a seguir viviendo con esta forma de vivir, Juárez Merece Más.”

Centralismo es para los juarenses, sinónimo de imposición de decisiones ajenas. Nada más.

Dice la Univesridad Autónoma de Ciuidad Juárez en un editorial de sus “Cuadernos Fronterizos”:

“… En la capital de la República, muchos dirigentes de esta malhadada plutocracia partidaria padecida por el país, suponen que restringiendo o de plano, liquidando las autonomías locales, desde sus poderosos sitiales, podrán organizar al Estado y hacer eficientes a sus instituciones…

“… El pacto federal no es eso. Implica establecer unas pocas reglas claras y generales donde se prescriban facultades, se distribuyan los recursos disponibles con equidad, se obligue a la austeridad y se proscriban la impunidad y el despilfarro; acompañadas estas normas por otras en las cuales se prevean sanciones a los funcionarios ineficientes, abusivos o ladrones…”

¿Y EL AIFA?

Subí al avión en la terminal 2 de la CDMX para ir a Ciudad Juárez. Coincidí con mi querida amiga Beatriz Paredes, quien alentó y emocionó a los candidatos del Frente y a los militantes. La conozco, quiero y admiro desde 1971.

Al poco rato subió al avión Claudia Sheinbaum. A ella no la conozco desde 1971.

Saludó afectuosamente a Beatriz y a mí me dispensó un gélido movimiento de mano. Hola.

No pensé encontrarla allí. Supuse que ella volaría por el AIFA.

Pero no.