· Mujeres trabajadoras, pero pobres

“DEBO, NO NIEGO; PAGO, LO JUSTO      Teresa Carbajal

La pobreza laboral en las mujeres, pareciera una nueva consigna del destino por el solo hecho de haber nacido mujer; la edad, el grado de estudios, el tiempo que se puede dedicar a una jornada laboral, y los bajos sueldos, determinaron que para el 2023 se superara la cifra del año anterior, respecto al número de congéneres que se encuentran en la informalidad laboral.

Con bajos sueldos, aún menores que los que perciben de por sí los hombres en empleos formales y sin seguridad social, las mujeres nos encontramos en situación de vulnerabilidad y en grave riesgo de incidir en pobreza laboral.

Así lo ha revelado la alarmante cifra del estudio “Mercado Laboral y Brechas de Género” elaborado por la organización “México, ¿cómo vamos?” con datos al tercer trimestre de dos mil veintitrés, mediante el cual se afirma, la participación de las mujeres en la informalidad laboral aumentó en comparación con el año dos mil veintidós.

Según el precitado estudio el 53 por ciento, de las mujeres en Veracruz vive en situación de pobreza laboral, es decir, más de la mitad de las veracruzanas son pobres a pesar de que trabajan.

Los datos siempre serán orientadores a la hora de formar una opinión sobre un determinado tema, pues nos llevarán a entender, con razón, las causas de un problema y desde luego a plantear soluciones.

Es preocupante que las mujeres estemos en tan terrible situación sobre todo si consideramos que a cargo de nosotras se encuentra el cuidado del hogar, de los hijos y de nuestros padres en edad adulta mayor.

Está demostrado que las mujeres invertimos más de cuarenta horas semanales al cuidado y atención de nuestras familias, lo que resulta mayor de las dieciséis que invierten los hombres al mismo fin.

Pero más allá de eso, -del tiempo- es en nuestros hombros en donde descansa la nada fácil tarea de formar a los hijos, de educarlos, de asistirlos, de ayudar en sus tareas, de atender su salud, de procurarles alimentos, higiene, y todos los cuidados que necesita una persona desde el momento de su nacimiento, para ser un hombre o mujer de bien, útil y de servicio a la sociedad; pero sobre todo feliz consigo mismo, libre de vicios y trastornos emocionales.

Cualidades o fortalezas que el día de mañana le lleven a su vez a tener la capacidad de formar su propio hogar, y a su propia descendencia. ¡Qué gran labor!

Por tal motivo es que debe revisarse y atenderse esa gran deuda histórica que tiene el Estado con las mujeres, cómo va a ser que entre más trabajamos, más pobres estemos; algo no está bien, y debe resolverse para evitar que las mujeres opten por los trabajos informales en donde pueden ganar un poquito más organizando su tiempo, que trabajando en la “formalidad” pero con prestaciones y servicios sociales que no funcionan y que las empobrecen más.

Debe prestarse atención al sistema de seguridad social, para que tengamos acceso en condiciones justas y con precios asequibles para los patrones, de poder dotar de seguridad social a todos sus trabajadores, y trabajadoras; pues las mujeres no somos solo empleadas, también somos empleadoras.

Y que los servicios de salud que se brinden sean dignos, suficientes y de calidad, no solo es “tener el seguro” es que el seguro de salud funcione, pues es lastimoso, ver como hay en últimas fechas más quejas que gratitud en los servicios de salud, en donde si llegas enfermo sales muerto.

Hay que llegar sano, para que cuando te ‘agarre’ la enfermedad ya tengas la cita con el especialista, el diagnóstico y la fecha de cirugía, ah, y también los medicamentos que sean necesarios.

De qué sirve que se pague un servicio de salud caro, “caro” porque no funciona, si vas a terminar pagando un médico particular para que te atienda.

Otro rubro de prestaciones que hay que revisar en el empleo formal es el de la vivienda, las tasas de interés que se pagan son iguales a los de la banca tradicional, pues qué es eso, ¿en dónde está lo social, en dónde está la ayuda?

Estas deficiencias generan que los sueldos, sigan siendo insuficientes a pesar de que aumenten su cifra.

No dejaremos de luchar desde el Barzón para que un día sea realidad la legítima aspiración de que las mujeres podamos obtener del fruto de nuestro trabajo la suficiencia y dignidad que nuestras familias merecen y necesitan.

 

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