Ayotzinapa, de la tragedia a la farsa

Razones   Jorge Fernández Menéndez

Cuando hoy se realice la marcha para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres, al llegar al Zócalo se encontrarán con Palacio Nacional bloqueado por vallas y fuerzas de seguridad. Es el dispositivo que, año con año, impone esta administración ante la llegada de contingentes feministas, algunos, una minoría, francamente provocadores, que no deberían opacar que la enorme mayoría son de mujeres que, simplemente, exigen sus derechos.

El blindaje de Palacio Nacional este 8 de marzo, como lo fue con la marcha ciudadana de febrero, contrasta con la ausencia completa de seguridad del miércoles, cuando los supuestos manifestantes de Ayotzinapa penetraron con una camioneta robada a la CFE en una de las puertas de Palacio Nacional. El presidente López Obrador dijo que eran provocadores que terminó sumando a un vasto complot internacional en su contra.

Sin embargo, ha sido Morena la que ha prohijado a estos grupos desde la desaparición de los jóvenes en 2014. Fue Morena y el entonces candidato López Obrador los que insistieron en que había sido un crimen de Estado, los que alentaron y financiaron este movimiento. El principal responsable de la vergonzosa investigación realizada este sexenio para tratar de confirmar que había sido un crimen de Estado, la cual encabezó Omar Gómez Trejo, uno de los asesores de este grupo, que había sido el secretario técnico del GIEI, el grupo de expertos que fue tan festejado por Morena cuando era oposición.

Y, por supuesto, Gómez Trejo fue designado fiscal en esta administración bajo el control del subsecretario Alejandro Encinas. Fue esa Fiscalía la que liberó a los sicarios confesos del crimen para convertirlos en testigos protegidos y usarlos para acusar a militares y detener como chivo expiatorio al exprocurador Jesús Murillo Karam, en todos los casos sin pruebas. Las únicas presentadas fueron los testimonios de los sicarios virtualmente comprados a cambio de su libertad.

No hay forma de terminar el caso Ayotzinapa, que ya estaba cerrado y que fue reabierto este sexenio para demostrar el crimen de Estado, con la trampa en la que, solo, se ha encerrado el presidente López Obrador: las Fuerzas Armadas, a las que les ha pedido de todo este sexenio, no pueden aceptar que fueron parte de un crimen en el que no tuvieron absolutamente nada que ver; los grupos de Ayotzinapa no van a dejar sus reclamos, más allá de que algunos lo traten como una acción de justicia (como el Centro Prodh), otros están más interesados en su agenda política y económica, con participación de grupos armados y criminales. Están también radicales de la 4T que piensan que el caso Ayotzinapa les sirve para alejar el movimiento de posiciones más moderadas, como lo hicieron para bloquear la candidatura de Omar García Harfuch a la Ciudad de México.

Es un grave error que se olvide que en esto no hay crimen de Estado, que lo que tenemos, como hemos dicho muchas veces, es un acto de barbarie, como hemos visto decenas en estos años, realizado por grupos criminales como una venganza más contra quienes consideraban sus adversarios. Lo único que falta para cerrar la verdadera historia es enviar los 114 restos óseos encontrados en Cocula al Instituto de Innsbruck para confirmar que ahí murieron —como lo estableció el peritaje de la CNDH, cuando la dirigía Luis Raúl González Pérez— 19 de los muchachos. Pero de cerrar el caso ni hablemos. No hay la menor voluntad política.

Si no hubiera una tragedia detrás, esto sería una farsa. La mejor demostración la exhiben los propios integrantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa. El miércoles, se supone que indignados, atacaban Palacio Nacional y exigían justicia, pero para el jueves ya anunciaban la celebración de su aniversario en Tixtla, Guerrero, donde se encuentra la escuela, con fiesta, baile, carnaval, en el Lienzo Charro de la ciudad, amenizado, ayer, por Los Buitres de Culiacán Sinaloa, mañana sábado por Los Dos Carnales y otros grupos. Todos ellos cantantes de narcocorridos. Que siga la fiesta.

 

 

MUJERES

Lo que sí debemos celebrar es que este 8 de marzo nos encuentre con dos mujeres buscando la Presidencia de la República. Más allá de las preferencias políticas o partidarias, Xóchitl y Claudia son dos dignas representantes de sus respectivos movimientos. Ya veremos su desempeño en los próximos debates, el primero de los cuales, el 7 de abril, estará moderado por Denise Maerker y Manuel López San Martín.

 

COSAS EXTRAÑAS

Suceden cosas muy extrañas con la justicia y las fiscalías en la Ciudad de México. Tres delincuentes, El FabiánEl Cachorro y Luis Rey, acusados de distintos delitos, entre ellos el de hacer los blindajes para los llamados monstruos que usan los grupos criminales, fueron detenidos en Lindavista en un publicitado operativo de la policía capitalina.

Pero un juez decidió ponerlos en libertad porque argumentó que el expediente de la Fiscalía estaba mal armado. Varios funcionarios de la Fiscalía y ministerios públicos los esperaban en la puerta del Reclusorio Sur para, con otra orden de aprehensión, detenerlos. Pero, inexplicablemente, no los vieron cuando salieron y quedaron en libertad. Son demasiados errores, es complicidad o corrupción en las autoridades del reclusorio.