Polo Deschamps, a perder

Sin tacto  Sergio González Levet

Para los analistas políticos ha sido un verdadero intríngulis desbrozar lo que ¿piensa? o intenta lograr Dante Delgado con su estrategia electoral de estos tiempos.

Unos creen que hizo un arreglo secreto con Andrés Manuel López Obrador y a cambio de prebendas a futuro y/o dinero en lo inmediato, busca quitarle votos al frente opositor al poner a candidatos de su partido como una supuesta tercera opción en las elecciones federales y estatales de este año.

Otros consideran que Dante finalmente cayó presa de sus delirios y terminó por creer que su partido puede crecer popularmente como lo hizo Morena hace seis años y llevarlo a una victoria aplastante, ja ja.

En ambas alternativas, la realidad le está dando un traspiés a quien fuera Gobernador sustituto de Veracruz. En la primera, los números del partido naranja están muy por debajo como para poder hacerle un agujero apenas notable a la votación que obtendrá la alianza Fuerza y Corazón por México, y en la segunda, prácticamente se está jugando su registro tanto a nivel federal como en las elecciones locales.

Sí, en Jalisco Movimiento Ciudadano mantiene una alta votación de la mano del actual mandatario, Enrique Alfaro, pero éste ha estado varias veces a punto de salirse de MC y dejar a Dante colgado de la brocha. Y eso parece que sucederá finalmente.

En Nuevo León, el gobernador Samuel García es una bomba de tiempo, porque su falta de conocimiento legal y político lo puede embrocar en un problema legal fuerte, y hará que pierda muchos votos a su favor en la votación del domingo 2 de junio.

En Veracruz, Dante decidió poner de candidato a Hipólito Deschamps, quien fuera alcalde de Medellín y ha ganado como empresario una fortunita que aprovecha para hacer labor social, lo que es encomiable y abona para su imagen de mecenas popular.

Pero Polo parece haber caído en el mismo síndrome dantesco, porque una vez que le dieron la ansiada candidatura, se ha dedicado a perder las amistades y las simpatías que pacientemente había ido construyendo a lo largo de los años.

Primero, puso como su jefe de prensa a un individuo que responde al ordinario nombre de Julio Hernández y que se hace pasar por periodista (¿alguien en Veracruz recuerda haber leído alguna notita suya?). Este tipo ha hecho una labor impecable aunque importuna para alejar y hasta enemistar a los medios, a los columnistas y a los reporteros que antes eran buenos amigos de Polo.

Y junto a este comportamiento absurdo, ahora Deschamps se ha alejado del partido naranja, al grado tal que ni siquiera se presentó a registrar su candidatura ante el OPLE.

Como a Dante, a Polo se le empiezan a notar las ganas de perder no sólo la elección, sino los buenos amigos que había hecho en el trayecto.

Y así ni cómo…

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